Posted by: frroberts | May 15, 2015

Sermon Dominical

A veces un cuento es verdadero. Otras veces no lo es. Y aun otras veces un cuento es más que solamente un cuento.

Una vez me fui a visitar a un compañero de clase del seminario, un amigo muy querido mío. Mientras que estábamos tomando un café en la casa de sus padres, vino dos personas a la puerta. Cuando el timbre sonó, mi amigo se fue a contestarlo. Los dos eran misionarios Protestantes. Nosotros no estaban llevando nuestros hábitos y no parecíamos sacerdotes.

“Vengan. Bienvenidos,” dijo mi amigo.

Mi amigo hizo dos cafés para ellos y los misioneros empezaron hablando de Jesús y su comunidad cristiana. Guardábamos escondida nuestras identidades mientras que nos compartieron su oferta de aceptar Jesucristo como nuestro Señor y Salvador personal y juntarnos a su iglesia Protestante. De hecho tenían algunos puntos muy buenos.
Tengo una culpa muy grande en mi carácter y es que me gusta discutir. Después de quince minutos de charlar de Jesús, ellos empezaron de hablar de como es importante pertenecer a una comunidad cristiana. No podía seguir escondiendo mi identidad.

“Me gustan algunas cosas que están diciendo sobre Jesús y la Biblia,” dije. “Pero tengo algunas preguntas para ustedes.”

Y empecé.

“Según la Biblia ¿Qué es la columna y el fundamento de la verdad?

Los misioneros dijeron que en 2 Timoteo 3:16 la Biblia nos dice que “Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para argumentar, para corregir y para educar en la justicia” y como un cristiano debe leer la Biblia todos los días.

“Me encanta leer la Biblia,” respondí. “Lo hago por lo menos una hora todos los días. Pero, ¿no dice 1 Timoteo 3:15 que la Iglesia, no la Biblia, es la columna y el fundamento de la verdad?” De aquí explique que Jesús edificó la iglesia sobre la confesión de fe de Pedro y que esta iglesia es la Iglesia Católica.

Las cosas empezaron a hacerse tensas. Uno de los misioneros me miró y me preguntó, ¿Eres tú un sacerdote católico?”
Me sonreí muy grande y dije, “De hecho, nosotros somos.”
“Muy bien,” siguió el misionero, “tiene que significar que ustedes son creyentes verdaderos.” Y abrió su Biblia al evangelio de hoy y empezó leyendo:

“A los que crean acompañarán estos milagros: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán lenguas nuevas, agarrarán serpientes con las manos y, si bebieran algún veneno, no les dañará; impondrán las manos sobre los enfermos y quedarán curados.”

Al cerrar la Biblia, el misionero tomó un frasco de su bolsillo. “Este frasco contiene veneno. Dices que eres un creyente verdadero de Cristo. De hecho crees que eres un sacerdote de la una, santa, católica y apostólica Iglesia que Cristo fundó. Si sea la verdad, no debes tener ningún miedo en tomar este veneno.” El misionero empujo el frasco a mi lado de la mesa.
Me callé y dio una mirada a mi amigo. Por casi cinco segundos había un silencio tenso. Mi amigo del seminario devolvió el frasco al otro lado de la mesa y empezó a reír fuertemente.

“Les digo algo. ¿Cómo les parece beber el veneno y después de que se mueran, les impondré las manos y les resucitaré?”
El otro misionero miró su reloj de pulsera y observó que necesitaban regresar a su iglesia porque tenían una junta con el pastor en cinco minutos.

A veces un cuento es verdadero. Otras veces no lo es. Y aun otras veces un cuento es más que solamente un cuento.
Hoy cuando conmemoramos la gloriosa ascensión de Nuestro Señor, comenzamos una serie de cuatro homilías sobre la Iglesia. Esta homilía empezará pintando un cuadro del estado de la Iglesia Católica en los EE UU y aquí en Unión City. Las próximas tres indicarán adónde vamos de aquí con respeto a tres tópicas: Espiritualidad, Eucaristía y Comunidad.

Como cristianos católicos creemos que es la voluntad de nuestro Señor ascendido que sea “Un Señor, Una Fe, Un Bautismo.” En otras palabras, Jesús fundó una sola Iglesia y esta Iglesia es la Iglesia, Santa, Católica y Apostólica, su cuerpo místico en la tierra. Hace casi cincuenta años el Concilio Vaticano Segundo lo puso muy claro, cuando enseñó que:

esta Iglesia peregrinante es necesaria para la salvación. El único Mediador y camino de salvación es Cristo, quien se hace presente a todos nosotros en su Cuerpo, que es la Iglesia…Por lo cual no podrían salvarse aquellos hombres que, conociendo que la Iglesia católica fue instituida por Dios a través de Jesucristo como necesaria, sin embargo, se negasen a entrar o a perseverar en ella (Lumen Gentium, 14).

Tenemos que ser precisos. Nuestra fe no es que todos que no son católicos no van a irse al cielo, solamente los que no son por su culpa y no por ignorancia. Cristo dio todos los medios de la salvación a la Iglesia Católica. La enseñanza no tiene que ver tanto con el condenar de los inocentes sino el subrayar de la responsabilidad que tenemos como católicos de vivir nuestra fe y compartirla con los demás.

Y ¿Cómo va?

No muy bien. Las estadísticas muestra que hay muchos que están abandonando la fe. Entre hispanos, 25% son ex-católicos. Actualmente 55% de los hispanos en los EE UU son católicos. Quiere decir que por cada dos católicos, hay casi un católico que ha abandonado la Iglesia que Jesucristo fundó.
Aquí en el condado de Randolph hay más o menos mil hispanos. Y en misa los domingos tenemos entre 20 y 50. Quiere decir muchos hispanos de este pueblo van a ser en el infierno después de la venida del Juez.

¿Qué podemos hacer?

Los líderes de nuestra parroquia ha formulado una declaración de misión con una fundación bien bíblica. “Existimos para devotarnos a la enseñanza de Jesús.” Al punto que nos enfocamos en otras cosas más que la enseñanza de Jesús, tenemos que cambiar.

Hay algunas cosas en las cuales debemos enfocarnos menos: Los mariachi, las devociones a los santos, las fiestas: después de quinceañeras, bautismos, primeras comuniones, quienes son los padrinos, la comida durante las fiestas. No son malas cosas, pero ¿quién de nosotros puede decir que son más importantes que la enseñanza de nuestro Dios y Salvador?

Esta parroquia no es un club cultural mexicano que existe para que podamos mantener los rituales de nuestros antepasados. Existe para que podamos devotarnos a las enseñanzas de Jesús.

¿Y cómo lo hacemos?

La mejor respuesta que pudimos encontrar viene de la descripción de la vida de los primeros cristianos en Hechos 2:42, “se devotaban a la doctrina de los apóstoles y la comunión, la fracción del pan y las oraciones.”
En la semana próxima empezaremos con el último: oración. Vamos a hablar de como podemos crecer espiritualmente.


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